miércoles, 6 de octubre de 2010

¿Cuánto dura el presente...?

 La noche estaba apenas comenzando, y la oscuridad empezaba a reinar lentamente, sustituyendo los cálidos matices del cielo, por una gama fría de azules y grises; iban caminando por la acera sin percatarse de lo que sucedía a su alrededor, enfrascados en sus pensamientos, y contrariados por sus emociones.
Todo era tranquilidad... sin embargo quizás uno más que el otro suponía lo que estaba a punto de suceder, había sido una semana difícil, y más aun, habían tenido un mal día juntos, quizás no lo suficientemente malo para lo que venía, pero definitivamente no había sido el mejor.
Caminaron hasta la puerta de su casa, le beso la mejilla en señal de despedida y trás dejar el beso de ella para el viento, ella lo comprendió todo, era el elegante adiós del olvido para esa amada relación.

Pasaron varios amaneceres y otras tantas noches en vela sollozando solitarios la desdicha de su adiós, sin embargo ninguno de los dos se atrevía a dejar su orgullo y pedir perdón, puesto que tenían un rezago de culpa que aún no podían superar. 

En ocasiones no nos damos cuenta que la vida y "felicidad" no están en una sola persona, sino en los momentos que pasamos con con ellos, a veces no comprendemos que hay algo más haya, y nos encerramos en una tristeza de mártir para sentirte "menos mal", a veces un pensamiento ocupa de tal manera tu mente, que te olvidas de todo... incluso de que el semáforo debe cambiar a rojo para que tu cruces la calle...

Llevaba una semana en coma después del accidente, fue entonces cuando dejando su orgullo atrás y después de muchos tragos, llantos entre amigos, días de solo pensar en ella, decidió llamarla, para enterarse por su alguien más que ella estaba hospitalizada y en estado de coma. La visitó sin falta durante varios meses a pesar de que ella no daba algún signo de respuesta, iba por las mañanas antes de irse a la escuela, y durante la tarde noche después de salir de trabajar, cada semana le leía un nuevo libro, en ocasiones una revista científica y otras pocas inventaba una historia graciosa o futura para ambos, sin embargo, todas las noches de fin de mes le contaba la historia del "Patito Feo", esperando que así como el patito, ella también regresara a casa...

Ella jamás despertó, y el médico sugirió que la mejor opción era desconectarla. Todos y cada una de las personas que la querían, acudieron a la despedida, ya que sería la última vez que la verían. Él no acudió al velorio, estaba destrozado y no tenía la capacidad emocional como para soportar aquello. ¿Qué sentiriías sí...? Todo el futuro que imaginaste se escapara por un aparato que mantiene conectada a la vida. Si alguna vez te imaginaste viviendo a su lado, si pensaste en despertar a su lado cada mañana, oquizás te imaginaste sentado en una mecedora junto de esa persona especial a quien ya comenzaran a notarsele las arrugas, todo termina cuando alguien desconecta el aparato... Se necesito de aproximadamente 2783 botellas de licor, 8 años de dolencia repartidos en 3 años de lagrimas cada vez que la mencionaban o escuchaba su nombre aunque no se tratase de ella, 3 años de tristeza solventados por licor y bares de "mala muerte", y 2 años de resignación trás no encontrar más lagrimas para derramar.

Se caso con una chica que conoció muchos años después de haberla perdido, tuvo dos hijos, una niña y un niño, ambos muy parecidos a él. Logro aquellos sueños que tenía de colocar su propia empresa y se volvió una persona importante en el medio en que se desarrollaba. Visitó muchos lugares que tenía planeado acudir con ella, y en cada lugar tomaba una fotografía para llevarsela a su tumba y platicarle acerca del lugar que había visitado. Él tenía una foto en su cartera, una en su oficina, una en su mesa de noche junto a la cama, una enorme en la sala, y una pequeña en su llavero, todas las fotos eran siempre de ella...

 Cada vez que miraba una mariposa parloteando a su alrededor imaginaba que era ella transformada en un hada, al menos era la única forma en que lograba imaginar que ella podía seguir en este mundo. Hasta que un día su tan lujoso auto sufrió una descompostura y por alguna extraña razón que ni siquiera él podía comprender casi todas las calles de la ciudad estaban cerradas, tuvo que abordar el casi recién inaugurado metro de la ciudad. Era un invierno frío y un abrigo no era sificiente para mantenerse caliente, por lo tanto el calor de la multitud en el metro era algo invaluable. La mitad de la ciudad parecía estar acordonada ahí en ese preciso momento, miraba a todos lados, había mujeres muy bellas por doquier como si ese día el clima hubiese borrado las barreras de las clases sociales y todos debieran ser una misma. Acababa de comprar su boleto de abordaje, cuando de repente diviso una mariposa azul revoloteando por sobre las pieles de gente que iba más encapuchada que un oso.Comenzo a seguir a la mariposita alborotadora por todo el lugar y entre la multitud, cuando de pronto miro que se detenía sobre el hombro de una mujer que vestía un hermoso abrigo rojo, adornado con una larga cabellera castaña que sin pensarlo mucho, le traía gratos recuerdos...

Se detuvo petrificado entre la multitud, a algunos metros de aquella aparición, hasta que sus dudas se despejaron y a pesar de eso, aun no podía creerlo... Justo llego el metro a abordar y la multitud comenzo a abalanzarse para entrar y otros en el intento de salir, la mujer se puso de pie e intencionalmente volteo suavemente la cabeza para mirarlo, sonrió y abordo con rapidez justo antes de que se cerrase la puerta... Él se encontraba ahí recordando cada segundo la imagen de ese rostro sonriendole, para cuando se dio cuenta de lo que sucedía, ya estaba en movimiento el metro, apenas dándole el suficiente tiempo para mirar de nuevo su rostro por una ventanilla y comprobar que... era ella...

Imposible puesto que él  sabía perfectamente que ella hacía años había muerto, trás 8 años de resignación de pronto algo le había hecho recuperar la esperanza de que quizas ella pudiese seguir con vida, que quizás todo había sido un mal sueño, que quizás aun podía comprar aquellos waffles con fresas y cajeta para desayunar a su lado. Por años y a pesar de que todos lo tomaran como un loco, siguió buscandola por todos los lugares que pudieron ocurrirsele, jamás olvidaría esos pocos segundos que tuvo para volver a verla... Al principio algunas personas lo apoyaron en la busqueda de la muertita, sin embargo todos llegaron a su límite... pero jamás se le terminó la paciencia...

Trás el paso de muchos años después de aquél encuentro que tuvo con ella en el metro, las siguientes veces que pudo encontrarla, fue solo en sueños. Su esposa falleció, las arrugas comenzaron a notarsele en la piel, y al llegar a los 60 años comenzo a dejar de tener ese amor por la vida... Cuando ya no pudo hacerse cargo de aquella magnanime empresa, tuvo que dejarla a cargo de sus hijos, los cuales trás ver que su padre pasaba todos sus días en la soledad de aquella enorme mansión, decidieron contratarle una enfermera justo cuando tuvo que comenzar a usar una silla de ruedas debido al cansancio que le daba el caminar por los jardines... Él no aceptaba una enfermera pues decía que no necesitaba de una mujer que lo cuidara, sin embargo su hijo lo convenció, le hablo de ella, y de lo parecida que era a aquella mujer que habitó en silencio en cada portaretrato de su casa y en cada parte de sus vidas... 

Un día mientras él estaba en el jardín sentado en el columpio donde alguna vez soño en sentarse con ella, tristeando junto a las flores con la cabeza agachada... llego al fin la enfermera que cuidaría de él por el resto de sus días... se sentó a su lado sin recibir respuesta alguna por su parte, ni un "Buenos días", había un silencio incómodo entre ambos sentados en ese columpio, hasta que ella se digno a hablar...

_Es un bonito columpio... me gusta... se parece mucho al de aquél parque...recuerdas?_

Al momento de escuchar aquello, volteó lentamente examinando cada parte de su cuerpo hasta llegar al rostro de aquella mujer...percatándose que se trataba de su amada, que una vez más le sonreía, con esa sonrisa que cuidaría de él por el resto de sus días. Ese fue el gran secreto que mantuvo durante los ultimos años de su vida, años que vivió felizmente al lado de aquella persona que busco incanzablemente por toda una vida, devolviendole las ganas de seguir viviendo, disfrutando del paraíso terrenal, de las alegrías y tristezas que podía gozar a su lado con un juego de mesa, una buena película, un perfecto desayuno, una noche de estrellas, una pelea de lucha libre, y en tantos lugares más que visitaron, y tantos deportes más que precticaron, y tantos postres y platillos que devoraron, y más aún tantos recuerdos que generaron... 

Una noche, ella se acostó a su lado como todos los días hacía se acurruco entre sus brazos y quedo justo mirandole al rostro, que para ella no había cambiado en nada a pesar de los años transcurridos, acarició su rostro y jaló la pesada cobija para taparse ambos...

_Sigues exactamente igual de joven y hermosa... y yo solo me hago cada vez más viejo..._
_Para mí... sigues exactamente igual que cuando te conocí..._

Lo último que vivieron juntos fue aquella noche, aquellas palabras y la mano de ella sosteniendo la de él  mientras sonreía para tranquilizarlo, y besandolo por última vez...

_Vamos a dormir amor..._

"¿La realidad... se equivoca?"