viernes, 2 de octubre de 2009

El Cuento de la Cuentista~



Ella era una incomprendida, de personalidad demasiado simple como para que alguien pudiese entender minúsculamente sus intereses e inquietudes. La dramática literato que escribía tal cual su pensamiento le indicaba, gozando de la poca inspiración que el mundo y la sociedad cegada en que vivía le dejaban explayar en su inmenso universo de 100 hojas blancas.

Era una completa masoquista consigo misma, le excitaba cada cuanto que exprimían su corazón con fuerza, dejándole salir aquellos fluidos salados que vagaban por su cuerpo alrededor del día culminando en sus ojos durante el anochecer mientras bailaba “Rue des Cascades” en conjunto con su fiel compatriota, la soledad.
Lo peor que pudo pasarle, fue conocer el secreto de su inspiración, el por qué, el dónde provenía ese efímero estado de locura que últimamente presenciaba con menos frecuencia y de forma banal. La oscuridad le invadía desde la profundidad de su alma, sonriéndole como un demonio cazador hundido en la depravación de la monotonía que estaba acostumbrándose a vivir sin percatarse de ello.


Las mejores novelas, los mejores cuentos y poemas, incluso el mejor recado que escribió fueron gracias a que alguien poco antes de que ella comenzara a escribir en ese día, le exprimió un poco bastante su corazón, dejándolo cual si fuese una pequeña bola de papel arrugada que no logro depositar en el cesto de basura. Simplemente la inspiración solo llegaba hasta ella cuando sentía que su pequeño mundo de fantasías, amores y sueños se venía abajo, teniendo que construir nuevamente el primer pilar de lo que ya debiera ser una ciudad para la edad de la cuentista.
Cada vez le era más difícil reponerse de los ataques de inspiración, las personas cercanas a ella temían que cometiera alguna tontería estando en aquellos estados de trance imaginario donde su mundo se compactaba, rindiéndose ante el autismo; pero no, ella no era la clase de persona que buscaría una salida tan fácil, sabía que aun tenía muchos textos por escribir y no podía aun alcanzar la libertad que le brindaba “Caty”, esa elegante mujer de sombrero negro y vestido de los años 20’s, tan elegante como huesuda, en ocasiones a ella le gustaba invitarle una taza de té y quedarse un rato para charlar, así “Caty” no hacia una visita en vano al mundo de “los vivos”.
La pobrecita siempre se sintió inmortal cual criatura de la noche, solo que ella aun conservaba sus sentimientos y pesares. Poco a poco se fue dando cuenta de que con el tiempo había desarrollado una terrible enfermedad: el olvido.
Pobre, Pobre de ella cuando se entero de esto, con más razón debía plasmar sus ideas puntualmente, con el temor de que esas pocas personas que le habían aplastado el corazón anteriormente, y siendo las únicas que le habían concedido ese efímero momento de inspiración, se esfumaran de pronto de su corazón, y dejaran de producir aquellas cosquillas en el estomago de ella. Se puso desquiciada al comprender lo que significaba tal enfermedad, ya no abría más momentos de inspiración hasta que alguien pudiera hacerle sentir de nuevo mariposas en el estómago, y ¿cuánto tiempo pasaría para esto? Días, semanas, meses, no podía pasar tanto tiempo sin plasmar sus ideas en el papel…
Acomplejada ante la situación un buen día simplemente siguió con su vida, intentando no pensar en aquella enfermedad, sabía que “el olvido” era más rápido que el cáncer si se lo proponía, y ella no permitiría que perder esa batalla se perdiera sin llevarse algo a cambio.
Hizo todo lo posible para poder encontrarse con las personas que aun permanecían en la  nostalgia de sus recuerdos, e ideo un plan macabro en el que saldría plenamente herida, de esas heridas que es imposible suturar, por cada “amor imposible” con el que se encontraría; anoto el nombre de cada una de las personas que habían oprimido su corazón en varias ocasiones, y conforme paso aquel mes, se cito con cada una de ellas y ellos tachando sus nombres en aquella pequeña libretita y dejándose llevar por la “Rue des Cascades” una vez más, mientras escribía con sus lágrimas sobre su hoja blanca.
Cuando al fin le quedaban dos nombres en su libreta, se dio cuenta que apenas había escrito 300 páginas, y aun no llegaba siquiera al desenlace del libro, debía tomar medidas drásticas, por lo que prefirió utilizar solo a uno de los nombres para escribir al menos el desenlace, puesto que el otro sería escrito para poder llegar al final. Se encontró muchas veces con aquel individuo al que pertenecía el penúltimo nombre de la lista, y siempre al regresar de aquellos encuentros lograba escribir hasta 80 páginas entre sollozos.
Al fin había llegado al final, ya no necesitaba de aquel individuo, esta vez usaría el ultimo nombre de la lista, estaba agotada, su corazón ya parecía una pequeña pasa seca por tantas veces que le habían estrujado para ese entonces, sin embargo ella no escuchaba que su palpitar había cambiado, ya no era rápido y conciso, apenas y se escuchaba uno cada cuanto.
_ No desesperes, pronto terminaremos… _
Siempre pensó que la única manera de poder explayarse escribiendo, era causándose dolor así misma sin compasión, solo así obtenía la inspiración y llegaban las palabras a su mente cual si estuviese lloviendo.
Finiquitó con su ultimo nombre de la lista, ese día no necesito esperar a la noche para poder derramar lagrimas suficientes para llenar un balde, sabía que con aquella cita sería suficiente para poder escribir completamente el final, cerró la puerta de su habitación y saco una hoja en blanco, alcanzo una plumilla fina y se acerco la libretita de los nombres, tacho el ultimo con una larga línea que atravesó todas y cada una de las letras de ese alias.
Respiró largo y tendido entre uno de sus sollozos, y comenzó a escribir sin parar, sin parar, sin parar escribía, hasta que de pronto le falto el aire, y de su boca comenzó a brotar una delgada línea de sangre, no sentía el palpitar de su corazón, sus latidos ya ni siquiera eran lentos y cansados,  llevo su mano hasta su pecho y presiono con fuerza sobre su corazón rogándole que no se detuviera aún, continuo presionando su pecho intentando devolver suaves latidos de vida en esa masa corpórea y ahora sin sentimientos en que se había convertido ella.
En un acto de caridad y nobleza, su corazón dio unos suaves latidos, apenas suficientes para lograr colocar el punto final, y acomodar la hoja al culmine de todas las demás. Sonrió al ver su obra maestra terminada y al fin tras un tomo de sangre que se acumulo en su boca saliendo lentamente de entre sus labios, dejando caer su mano sin fuerzas, cayó sobre el escritorio y sonriente comenzaron a cerrarse sus ojos con lentitud…
_Al fin… Al fin termino… la mejor historia jamás escrita…_ Respiro suavemente y luego exhalo en un suspiro metódico.
_Ya puedo ser feliz… si tan solo pudiera recordar… cómo se siente?_
Cerró los ojos y continúo sangrando sobre el escritorio, mientras las hojas de aquella novela recién terminada se manchaban volviéndose ilegibles ante el carmín de su sangre inmortal, provocando el llanto de su alma que veía desde lejos que aquel esfuerzo que había exterminado su corazón, jamás podría ser descubierto…
Así la Catrina abrazo a su alma, con un rezago de compasión a la escritora de la que jamás se conocería su obra maestra…
¿Qué es un escritor sin escritos?

1 comentarios:

Filip dijo...

Simplemente genial.. lo adoro.